Primero miras el mar, después a la gente
Su vida tiene dos caras. De día, socorrista y formadora: saca gente del agua y le enseña a leer las corrientes. Fuera de turno, observadora de campo y voluntaria de avistamiento, que cuenta uno a uno a los tiburones de la zona. Primero mira el mar, después mira a la gente, y decide a quién proteger de quién. Tiene una intuición rara para el ánimo ajeno: llega a quien lo pasa mal antes de que levante los brazos. Y trabaja el sistema desde dentro: en vez de pancartas, explica, con datos y paciencia, hasta que cala.







