Veinte minutos sin respirar
A los doce años, su padre le dejó sujetar el otro extremo del listón. Hakon estuvo veinte minutos sin respirar del todo, con el aire cortado por la mitad, vigilando que la burbuja del nivel no se saliera de las dos rayas. Su padre no le corrigió la postura ni le explicó nada; siguió midiendo y le dejó el listón donde estaba. Ese nivel de burbuja es el que tiene ahora, y el primero que saca cuando entra en una casa que se ha torcido.







