El dedo antes del nivel
Se cruza a la acera de enfrente, doce o quince metros, y mira la fachada desde allí. Señala con el dedo la esquina que está cediendo antes de sacar el nivel de burbuja; cuando lo pone, el número le da la razón. No siempre acierta a la primera, pero acierta lo suficiente para que lo llamen por eso: un peritaje menos. Él lo despacha diciendo que esa fila se la tiene andada, que ha entrado en casi todas y que las que aún no ha tocado se le ven venir desde la calle.







