La única sala que huele a otra cosa
Los jueves, fútbol. El polideportivo es la única sala de Longyearbyen que huele a otra cosa, y Hakon va todas las semanas. Juega a la banda y no corre: toca, devuelve y aguanta su lado del campo mientras los demás se persiguen por el medio. Cuando acaba el partido, el resto se queda al tercer tiempo. Él no se queda. Coge sus cosas y sale antes de que alguien pida la segunda ronda. Nadie se lo toma a mal: el viernes se madruga igual.







