La ruta
Sesenta kilómetros separan Niamey de Kouré. Ayana los recorre varias veces al mes en moto-taxi, por carreteras sin asfaltar en los últimos tramos, con una mochila que pesa lo justo: grabadora Zoom H5, cuadernos de campo, bolígrafos de repuesto, baterías extra. El trayecto dura hora y media si no hay cortes. A veces hay cortes.
La región de Tillabéri lleva años con problemas de seguridad. Grupos armados, checkpoints militares, tensión que no aparece en los mapas pero que está en cada viaje. Ayana pasa los controles con su documentación del Centre Culturel, responde a las preguntas en francés o en zarma según quién pregunte, y sigue. Siempre sigue. Llevar doce años haciendo esa ruta implica que has decidido que lo que hay al final del camino vale las horas de polvo y los nervios de los checkpoints.
Lo que hay al final del camino son voces. Ancianos, matronas, pastores, guías. Gente que estuvo ahí cuando las jirafas de Kouré casi desaparecieron y gente que estuvo ahí cuando empezaron a volver. La ruta es la parte del trabajo que nadie graba.







