Un grifo que no goteaba
La última Navidad, Alek cogió el ferry para pasar tres días en su isla. Su padre, pescador jubilado, estaba sentado en la cocina a media mañana sin nada que hacer, y Alek reconoció la postura: es la suya cuando el taller cierra por temporal. No le preguntó cómo estaba. Sacó las herramientas y le dijo que el grifo goteaba. No goteaba. Pasaron la mañana desmontándolo y montándolo, los dos, casi sin hablar. A quien se apaga, Alek no le da palabras; le da algo que hacer. Cuidar así, con un recado inventado, es de las cosas más suyas que tiene.







