La noche que se orientó por las luces
En su historia, Alek dejó Heimaey a los diecisiete, de noche, en el ferry que cruza a tierra firme en media hora. Se quedó en cubierta viendo la isla hacerse pequeña, orientándose por las luces del puerto que crecían sobre el agua negra. De niño había hecho lo contrario cada agosto: devolver al mar a las crías de frailecillo que las luces del pueblo despistaban. El retrato no cuenta ese viaje; solo su cara de frente, serena, con el pico naranja y gris. Lo de la isla te lo cuento en su biografía.







