Ábrelo, dijo el viejo
El primer sábado que Alek pisó un taller mecánico tenía quince años. El dueño le puso delante un fueraborda Yamaha de veinticinco caballos y le dijo una sola palabra: «Ábrelo.» Alek lo desmontó pieza por pieza, limpió cada una con gasolina, las alineó en el orden en que salían y lo volvió a montar. Arrancó a la primera. El viejo dijo «bien» y se fue, y fue suficiente. Ahí aprendió que un «bien» dicho por quien no habla vale más que un «excelente» del que habla mucho. Ese día empezó todo lo que hace ahora.







