El pañuelo hasta la nariz
En su historia, cuando Alek se concentra o no le apetece hablar, se sube el pañuelo negro hasta la nariz. En el taller lo saben: pañuelo arriba, no le hables. Sirve contra el viento y el spray del muelle, pero sobre todo es un interruptor —sube cuando el mundo pide más de lo que tiene ese día—. Quien lo conoce sabe que no es antipatía, sino un frailecillo que necesita su rato de silencio dentro del ruido, y que lo pide sin gastar una palabra. Una sudadera con capucha le va como anillo al dedo, por razones parecidas.







