Un rumbo se cuenta por fuera
Los ladrillos se venden apilados en rumbos, y un rumbo se cuenta por fuera. El comprador rodea la pila, cuenta las cuatro caras, calcula y da un precio. De ahí sale lo que se cobra. Limbani apila las cuatro caras con ladrillo entero, bien alineado, y mete al centro del rumbo los que han salido rajados, donde no los ve nadie. Lo hace en cada tanda. En la ribera esto no se comenta y él no lo cuenta.







