El niño que arregló una guitarra rota
De crío, John encontró una guitarra vieja, sin cuerdas y torcida, de esas que casi todo el mundo tiraría. En vez de eso se pasó un invierno enderezándola poco a poco, con paciencia, hasta que un día sonó. Ahí aprendió algo que no se le ha olvidado: que casi nada está muerto del todo. Cuando alguien le lleva un instrumento hecho polvo y lo da por perdido, John le da la vuelta y suelta su frase favorita: «no está muerta, está desafinada de la vida, nada más». Y se pone a arreglarla.







