Los que se quedan
John es de los que se quedan. En su mundo no se cambia de pareja ni de sitio: se elige una vez, joven, y se vuelve cada temporada al mismo nido, al mismo trozo de orilla, hasta el final. Entre los suyos, eso es sencillamente cómo se hacen las cosas. Esa lealtad callada no se le nota en la cara —la cara es de símbolo, de las que imponen—, pero es el suelo firme sobre el que se apoya todo lo demás. Un tipo que no suelta lo que quiere.







