De la primera hornada
Su padre, Gene, todavía cuenta lo del vacío sin darle importancia: hubo un tiempo en que casi no nació nadie, primaveras enteras en que en todo el lago no llegó una sola cría nueva. Quedaban tan pocas familias que cabían todas en un muelle. Y luego, poco a poco, el pueblo volvió. John nació ya en la subida, de la primera hornada nueva. «Tú fuiste de los primeros otra vez», le dijo Gene un día, sin ceremonia, y John tardó años en entender el peso de lo que le entregaban.







