El lazo del lado de siempre
En su segundo mes de guarda, en una patrulla de rutina por la zona norte del bosque, Jeong encontró algo que no debía estar en un sendero de fauna: un lazo puesto por los que cruzan la frontera. No gritó ni rompió nada. Lo retiró, anotó dónde estaba y dio parte, y esa misma semana empezó a darle vueltas a cómo cubrir mejor esos rincones. Aquel día no le cambió la cara, pero le cambió el trabajo. Desde entonces es de los que aparecen justo por donde hacen falta.







