La roseta nueva del hombro
En primavera, una cámara del bosque captó a un macho joven que Jeong no tenía fichado: rosetas nuevas en el hombro izquierdo, un dispersor buscando su primer territorio. Lo dibujó esa noche, comparó el patrón con los treinta y tantos que ya guardaba y lo llamó Leo-17. Reconocer a uno lo cambia todo: deja de ser una cifra del censo y pasa a ser alguien con costumbres y con ruta. Leo-17 andaba por una zona que la red de vigilancia no cubría; Jeong propuso ampliarla y se aprobó.







