Ver sin necesidad de tocar
«Él sabe que estás. Tú no sabes dónde está. Eso es respeto.» Se la dijo su abuela cuando era un crío, y con los años se le volvió una manera de vivir. No le hace falta poseer lo que cuida; le basta con saber que sigue ahí. En su oficio eso es casi literal —vela por un bosque entero sin pisarlo apenas, mira desde lejos y no toca— y en su forma de querer a la gente, igual: está cerca sin pesar, cuida sin reclamar nada a cambio.







