La bandeja del cobertizo
Un pendiente, una llave, un soldadito de plástico, un anillo sin nombre por dentro. Están puestas por tramos —lo del pueblo a un lado, lo del valle en medio, lo del paso al fondo— y dentro de cada tramo por orden de kilómetro. Nadie las ha ordenado así y nadie sabe que lo están. Si le preguntas por cualquiera de ellas, Hrafn te dice de qué curva salió y en qué mes. La bandeja se le ha quedado pequeña: encima del banco hay ahora una caja de galletas y un bote con tornillos que no son tornillos.







