Las puertas y los apellidos
En la oficina dejaron de darle listados hace tiempo. Hrafn se sabe el número, el color de la puerta y el apellido de cada casa del pueblo y de cada granja del valle, y se entera de que alguien se ha mudado tres semanas antes de que lo cuenten en la tienda. También se acuerda, con detalle, del vecino que le cerró la puerta en la cara cuando tenía dieciocho años. Nadie le ha pedido nunca esa segunda lista.







