Una caja de metal
En su historia, Benjamin creció en Igloolik, un pueblo pequeño del norte de Canadá. A los veinticinco, su tío Thomas sacó del fondo del armario una caja de metal; dentro había una cadena de plata fina, con el brillo ya mate por el uso. «Era de James. Ahora es tuya», dijo, y nada más. James era su padre. Benjamin la miró un minuto largo sin tocarla, y luego se la puso. Desde entonces no se la quita, salvo para trabajar con maquinaria. Si le preguntan por ella, responde que se la regalaron.







