Tres semanas en motonieve
Benjamin trabaja como técnico de mantenimiento de estaciones meteorológicas remotas para Environment and Climate Change Canada. Su ruta cubre el archipiélago de las Queen Elizabeth, en el Alto Ártico canadiense. Dos tercios de cada mes los pasa fuera de Iqaluit: viajando en Twin Otter o en motonieve entre estaciones automatizadas dispersas por la tundra, calibrando sensores, reparando antenas, sustituyendo baterías.
Lo que lleva en ruta cabe en poco espacio. Caribú seco, bannock —el pan plano que se hace en sartén y que dura días sin estropearse—, café soluble en sobres. Una linterna de cuerda para cuando fallan las pilas, que a menos cuarenta fallan a menudo. Herramientas de mano: llaves, soldador portátil, cinta aislante. Benjamin no improvisa con el equipaje. Cada cosa que lleva ha demostrado que sirve; lo que no ha demostrado nada, se queda en Iqaluit.
Cuando Marc, el técnico junior recién llegado de Montreal, hizo su primera salida larga, Benjamin le dio un paquete de té, una linterna de cuerda y un consejo: «Duerme con los calcetines puestos. Lo demás se aprende.» Esa es la pedagogía de Benjamin: lo mínimo necesario, entregado sin discurso. Marc se quedó con el té y con la lección. Benjamin también le enseñó, sin darse cuenta, que cuando alguien ajusta un regulador sin seguir el protocolo y se congela el depósito de combustible, lo que toca es desmontar, calentar, purgar. Tres horas. Sin comentario. Solo: «La próxima vez, pregunta.»







