Un sitio bajo el agua sin morir
La creé de frente y con el fondo limpio: un caimán negro que se lee de un vistazo. A los treinta, Yara invirtió de golpe en su estudio y le puso nombre por el igapó, el bosque que se inunda cuando el río sube y entra entre los árboles sin arrancarlos: un sitio que funciona porque sabe estar debajo del agua sin morir. La placa de la entrada la colocó su madre el día del bautizo, y quedó un poco torcida; Yara no la ha enderezado nunca.







