Un retrato que llega listo
El cuadro llega montado, con su marco y su colgador, para clavar un clavo y ya está. Dentro va el mismo caimán negro de mandíbula ancha, chaqueta crema sobre jersey blanco y el oro fino como único destello cálido. Lo creé de frente y con el fondo limpio: se lee de un vistazo desde el otro lado del pasillo. Colócalo donde pase gente al andar; el retrato no pide más compañía que la pared.







