Para limpiar sin romper
Un archivista de la mairie, a punto de jubilarse, le regaló a Wesley una brocha de pelo de cabra. «Para limpiar sin romper», le dijo, y no añadió nada más. Es lo único que le dieron en aquel sitio sin que se lo tuviera que ganar, y la lleva al despacho cada día. Con ella retira el polvo de los documentos antes de abrirlos, y algún sábado, sin que se lo pidan, restaura mapas y actas viejas. Lo creé mirando al frente, sin nada alrededor que distraiga.







