Un minuto de sol antes de empezar
Cada mañana Wesley cuelga el abrigo, busca el rectángulo de luz que entra por la ventana y mueve la silla unos diez centímetros para quedar de cara al sol. Se sienta un minuto sin hacer nada, nota el calor en la espalda, y solo entonces empieza el día. Ya nadie le pregunta por qué lo hace. Lo creé de frente, con su cara tranquila: en la camiseta se reconoce enseguida.







