La escuela de Togar es su madre
Togar lo aprende todo de una sola persona: su madre. Su pueblo enseña de una manera muy suya, mirando. Una cría de orangután pasa años enteros pegada a su madre y va sacando de ella cada cosa que sabe: por dónde se cruza la copa, qué se come y qué no, cómo se vive allá arriba. Nadie se lo explica con palabras; lo ve hacer y lo hace después.
Para Togar aprender no es una obligación, es su forma de estar con ella. Cada cosa que le sale un poco mejor es un rato más en la misma rama, a su lado. Se fija, lo intenta, y al día siguiente lo intenta otra vez un pelín mejor. Por eso esta mochila le va tan bien a un peque en esa misma edad: la de mirar a los mayores, copiarlos y querer hacerlo ya, aunque falte mucho. A Togar le quedan años y años de aprender así, y no le pesan: le tiran hacia adelante. En su biografía se cuenta despacio todo lo que va sacando de su madre.







