El número que tachó a los diecisiete
La primera vez fue a los diecisiete. Había acabado cuarenta hileras en una jornada, un número que en la cuenca se comenta durante semanas. Se sentó con la libreta de conteo en la rodilla, escribió el suyo y se quedó un momento mirándolo. Después lo tachó con dos rayas y puso encima el de Solofo, su primo, que casa flores en la misma cuadrilla y va más lento. Solofo estaba a tres metros y lo vio hacerlo; no dijo nada. Al capataz, Stan le contó que aquel día había ido lento.







