La caja de galletas Khong Guan
Debajo de la cama de Nur hay una caja de galletas Khong Guan. La de la tapa metálica con dibujo de flores, la que se vende en cualquier tienda de Toa Payoh. Dentro no quedan galletas. Hay piedras, botones, trozos de cristal de mar, una tuerca y una pluma de myna. Cada objeto tiene un lugar exacto. Su abuela Aminah nunca toca la caja.
La primera piedra es gris con una veta blanca. Lisa al tacto, del tamaño de un pulgar. Nur la encontró en Changi Beach a los cinco años. Aminah quería irse y Nur no se movía. Estaba buscando más. Esperó veinte minutos agachado en la arena, girando piedras, descartando las que no pasaban la prueba del tacto. El criterio de selección lo tiene solo él.
En el recreo hace lo mismo. Busca cosas en el suelo mientras los demás corren. Cuando encuentra algo que le interesa, se lo guarda en el bolsillo del peto sin comentario. En casa, lo lava bajo el grifo y lo coloca en la caja junto a las demás piezas. La caja pesa más cada mes. Si un día se perdiera, algo se rompería de verdad.







