Escamas que brillan bajo la luz
Hay un momento del día en que las escamas de Nur brillan. Es por la noche, cuando la luz de las farolas del void deck entra por la ventana del piso ocho y le da en los brazos. A esa hora Nur ya tendría que estar dormido, pero lleva despierto desde las once — mirando la calle desde arriba, quieto, con las rodillas encogidas en el alféizar. Es su hora. Los pangolinos de Sunda son estrictamente nocturnos. El pico de actividad real empieza a medianoche y dura hasta las cuatro de la mañana. Singapur obliga a un niño de seis años a levantarse a las seis y media para ir al colegio. El resultado es un niño que sobrevive las mañanas, que rinde a partir de las diez, que duerme la siesta de cuarenta y cinco minutos como si fuera rescate, y que a las once de la noche está más despierto que a ninguna otra hora.
Aminah lo sabe. A veces lo oye moverse por el pasillo hacia la ventana. No lo impide: se queda en la cama y escucha hasta que vuelve. El void deck, ese espacio techado en la planta baja de los bloques HDB donde los vecinos se sientan durante el día, a la una de la mañana está vacío. A veces Nur baja. En Singapur, a esa hora, un niño solo en un void deck es algo que se nota. Pero el barrio es seguro y Aminah confía en que su nieto, a esas horas, es exactamente quien está hecho para ser.







