La noche en Toa Payoh Town Park
Nur y su abuela Aminah volvían del hawker centre por el sendero de Toa Payoh Town Park. Eran las ocho de la noche, más o menos. El niño se paró en seco y señaló con el dedo hacia la base de un árbol, donde una farola iluminaba un trozo de camino que normalmente no mira nadie. Había un pangolín cruzando. Salvaje, adulto, con las escamas brillando bajo la luz naranja.
Nur y el animal se miraron quince segundos. Aminah no lo vio hasta que el niño le tiró de la mano. Para entonces, el pangolín ya se metía en la maleza y desaparecía sin hacer sonido. Nur no durmió en toda la noche, pero esa vez no fue por la costumbre de desvelarse que tiene desde siempre: fue porque algo se había quedado encendido. Tenía cinco años.
Al día siguiente dibujó un pangolín por primera vez. Aminah guardó el dibujo.







