Quince segundos bajo una farola
Volviendo del hawker centre por Toa Payoh Town Park, ya de noche, Nur se paró en seco. Tenía cinco años. En la base de un árbol, bajo una farola, un pangolín salvaje cruzaba el sendero, de esos que casi no quedan por la ciudad: los suyos son cada vez menos y andan más dispersos, aunque él aún no sabe ponerlo en palabras. Se miraron quince segundos y la maleza se lo llevó. Esa noche no durmió, y al día siguiente dibujó un pangolín por primera vez. El retrato nace de ahí, aunque en la lámina solo se vea su cara de frente.







