La carta que cruza medio mundo
En el colegio le tocó cartearse con un niño de Maun, en Botsuana: Mansa, un elefante. Mansa le manda dibujos; Nur le contesta metiendo una piedra plana en el sobre —su abuela tuvo que explicar en la oficina de correos que la piedra era parte de la carta—. Una vez Mansa le escribió que parecía una piña con patas, y Nur se rió solo, cosa rara en él. Con Mansa la amistad funciona precisamente porque hay once mil kilómetros de por medio y nadie le pide empezar la conversación. Para él, a veces, la distancia es lo que hace posible el cariño.







