Tres piedras que eligió a los cuatro años
En su historia, Mansa guarda desde los cuatro años tres piedras de río. Las eligió una tarde en el lecho seco del Lotsane, en Serowe, con su abuela Koko al lado: tardó cuarenta minutos, las tocó todas, olió algunas, y se quedó con la gris de vetas blancas, la rojiza de arenisca y una negra lisa como un huevo. Koko las lavó con ella en un cubo y le dijo una frase que Mansa aún repite: cuando eches de menos algo, toca una piedra; la piedra no se mueve, tú tampoco. En el retrato no salen las piedras. Sale ella, de frente.







