Antes de apagar la luz
En el alféizar de la ventana de Mansa, en el barrio de Boseja, en Maun, hay tres piedras. La gris con vetas blancas. La rojiza. La negra, lisa como un huevo. Llevan ahí tres años, siempre en ese orden, y nadie las mueve.
Las recogió del lecho seco del río Lotsane, en Serowe, con su abuela Koko. Tenía cuatro años. Koko murió cuando Mansa tenía seis. Desde entonces, cada noche, antes de dormir: gris, roja, negra. Siempre en ese orden.







