Comprobar tres veces
Antes de cada vuelo, Jeong comprueba tres veces que hay batería, aunque la dejara cargada la noche anterior. Lo hizo ayer, lo hará mañana, y si alguien le dice que ya está, la comprueba igual. Repite el gesto porque lo único que de verdad le importa no puede fallar. Cuando no quiere explicar algo, zanja con un «pues sí» y suspira antes si la pregunta es larga. Con esas dos cosas —revisar de más y hablar de menos— despacha buena parte de sus días. Es de fiar precisamente por eso.







