La grabadora prestada
Isabella tenía dieciséis años cuando un amigo le prestó una grabadora. Se fue de noche a los canales de Brujas, donde creció, y grabó el agua, los ecos, el goteo bajo los puentes. Con aquello sacó su primer sobresaliente, y entendió de golpe a qué quería dedicarse. De ahí sale todo lo demás: los estudios de audio, las noches en vela afinando el sonido de otros. Toda una vida de escucha empezó con un aparato prestado y unos canales oscuros. La taza es de esas noches.







