La hoja de ginkgo
El colgante que lleva al cuello se lo regaló su madre a los quince años, una hoja de ginkgo de metal mate en una cadena plateada fina. Lo lleva siempre y, al dormir, lo deja en un platillo junto a la cama. Es de esas cosas pequeñas que duran años sin estropearse ni pesar, elegidas para quedarse. Esa manera de tener poco y bien elegido es lo que vuelve una bolsa de tela tan de ella: cargas lo justo, y lo que cargas aguanta.







