Primero escucha, luego escucha otra vez
Isabella empezó de asistente en Klokhuis, un estudio del barrio de Patershol, en Gante. Su maestro, Willem, le dio la regla que aún la ordena por dentro: «No corrijas lo que no entiendes. Primero escucha. Luego escucha otra vez. Luego decide.» No la recita; la tiene puesta. Cuando Klokhuis cerró y Willem se marchó a Ámsterdam, ella grabó el silencio del local vacío, cuatro minutos y treinta y tres segundos, y le escribió un mensaje de gracias que él nunca contestó. No lo ha borrado. Enmarcar un retrato es un poco eso: ponerle un borde a lo que decides conservar.







