Branquias visibles
Esta camiseta mujer de Ikal coloca en el pecho de quien la lleva las branquias externas rojas del axolote — esas estructuras plumosas, cartilaginosas, que salen del cuello del animal como un penacho y que, en la vida real, funcionan como un termómetro biológico (bueno, un termómetro emocional, que no es exactamente lo mismo). Se erizan cuando el cuerpo del axolote está en alerta. Se relajan cuando está cómodo. Tiemblan, dicen los que los conocen de verdad, cuando están emocionados. Son el indicador más honesto que tiene el animal: no hay manera de disimularlas, no hay manera de tensarlas a voluntad, están ahí y cuentan lo que hay dentro.
Ponerse a Ikal puesto es ponerse encima, literalmente, un marcador visible de estado interior. No un símbolo abstracto de emoción: el gesto concreto de un animal que, al no poder mentir con la cara, lo cuenta con las branquias. Para quien ha tenido días en los que el cuerpo hablaba antes que la boca, la imagen reconoce el lugar donde una está y no pide que lo explique.







