Once radios, tres minutos
En su historia, un viernes Faiz encendió a la vez las once radios que había reparado, por curiosidad. Esperaba ruido y le llegó otra cosa: estática, una emisora omaní, otra de la India, algo en coreano, música y voces sin orden, todo junto, tres minutos exactos. Lo más parecido a la calma que conoce. Desde entonces, cada viernes a las siete de la mañana, el mismo rito: enciende, escucha, apaga.







