Solo quedaba un empalme
En su historia, con veintitrés años, Faiz climatizaba un almacén en Ghala cuando un tubo mal soldado reventó. Inhaló el gas sin mascarilla y siguió veinte minutos más, porque solo quedaba un empalme; se desplomó en la escalera. De aquello quedaron dos días de hospital, una deuda de mil doscientos riales y ocho meses durmiendo en la furgoneta. Ahí endureció sus reglas: nunca un trabajo que no pueda terminar solo. El retrato no cuenta ese quiebre; solo su calma de frente.







