Primero el café, después la mezcla
Cuando a Yara le llega un músico bloqueado, no lo empuja. En su historia le pregunta si ha comido, se va a la cocina, hace café, y solo después vuelven a escuchar lo que llevan; si no gusta, no pasa nada, primero el café. Ese cuidado viene de lejos: a los dieciséis le hizo la primera mezcla a Caio, un MC del barrio, y en seis meses cinco chavales le pedían lo mismo. Así nació la del corte. La taza lleva su cara serena, la de quien sabe que las prisas no arreglan una toma.







