Lo que no sale en el cuadro
Un gato de las arenas lleva las plantas de los pies cubiertas de pelo denso y oscuro, también entre los dedos. Ese forro le aísla del suelo, que en su desierto pasa del frío de la noche a un calor de horno. Y de paso difumina la huella: se sabe que ha pasado, no por dónde. Nada de eso cabe en un retrato de busto, que termina en la solapa ancha del abrigo de lana gris verdoso.







