Orejas bajas, oído grave
En el gato de las arenas las orejas van grandes, anchas y colocadas muy abajo en el cráneo, casi en línea con los ojos. Debajo de ellas hay unas bullas timpánicas que, en proporción, son las mayores de todos los félidos. Ese montaje capta sonidos muy graves: un roedor moviéndose varios centímetros bajo la arena, sin necesidad de verlo. Tiziri se pasa las noches recorriendo el asfalto de Ghardaïa detrás del agua que se escapa de la red, y acierta el punto antes de que lo confirme el aparato. Nunca dice que la oiga.







