El geófono con el nombre a medio borrar
El geófono con el que trabaja todas las noches se lo dejó un aprendiz que pidió traslado, y ella no lo ha devuelto. Es mejor que el de la unidad, y eso es lo único que contesta cuando alguien pregunta. Le queda un resto de esparadrapo con un nombre a medio borrar: no lo ha quitado, no lo ha tapado y no lo mira. Y a las once carga con él y sale a la calle. En la unidad nadie ha preguntado por ese aparato desde hace años.







