A ver qué me cuentas
En su botica, Bagus no pregunta el síntoma: coge la planta, se la acerca a la nariz y la frota entre los dedos para soltarle el olor. «A ver qué me cuentas», dice, y no se lo dice al que ha subido a verlo, se lo dice a la hoja. Cierra un segundo, respira y acierta. Es oficio de estar horas quieto oliendo cortezas y raíces, y para eso una sudadera va de perlas: te la dejas puesta toda la mañana y te olvidas de que la llevas mientras la nariz hace su trabajo.







