La nariz que trabaja al amanecer
En su historia, Bagus madruga más que todo el pueblo. Sube al monte cuando aún hay rocío, que es cuando la hierba suelta su olor, y baja cargado antes de que el sol apriete. No lleva lista: lleva la nariz, y por el aroma sabe qué ladera pisar y qué corteza sirve. De ahí la fama de boticario que acierta sin preguntar. El elefante asiático tiene una trompa finísima para estas cosas, pero esa faena queda fuera del cuadro: aquí está su cara, la de quien huele antes de mirar.







