Lo que llevas
Ayana sale de Niamey hacia Kouré varias veces al mes. Sesenta kilómetros en moto-taxi, los últimos tramos sin asfaltar. Lleva una mochila con lo justo: la grabadora Zoom H5, cuadernos de campo, bolígrafos de repuesto, baterías extra, tarjetas de memoria. No lleva más de lo necesario. Cada gramo cuenta cuando vas en una moto de dos tiempos por carreteras de polvo rojo y el viaje dura hora y media si no hay rodeos ni cortes de carretera.
El equipo es sencillo. La grabadora es fiable y portátil. Los cuadernos sirven para anotar contexto: quién habla, dónde, a qué hora, qué se ha dicho antes de encender la grabadora y qué se dice después de apagarla. Los bolígrafos de repuesto porque el calor del Sahel los seca más rápido de lo normal. No hay trípodes, ni cámaras de vídeo, ni equipos pesados. Lo que Ayana graba son voces, y las voces pesan poco.
Lo que pesa es el tiempo. Doce años de proyecto. Ciento ochenta horas de testimonios acumulados. Sesenta y siete personas que se sentaron a contar lo que recordaban sobre las jirafas de Kouré, la sequía, los acuerdos con los conservacionistas, las primeras crías nacidas bajo protección comunitaria. Cada grabación tiene un sistema de metadatos que cruza informante, fecha, lugar, tema y relación con otros testimonios. Ayana diseñó ese sistema sola, después de volver de un máster en Alejandría donde aprendió estándares UNESCO de gestión de archivos.







