El fuego que le enseñó a estar solo
Cuando la fragua llevaba medio año cerrada, empezó a ir solo: encendía el fuego y terminaba las piezas que su abuelo había dejado a medias. Sabía a qué temperatura calentar el hierro para que doblara sin romperse, porque se lo habían metido en las manos sin explicárselo con palabras. Así, con quince años, aprendió a estar solo con el fuego que enseña. Ese aplomo callado es lo que lleva puesto quien lleva a este toro.







