El oficio que pasó de mano en mano
Fernando heredó la fragua el día que a su abuelo se le paró el corazón de pie, junto al yunque, con el martillo todavía en la mano. Tenía quince años. Desde entonces hace piezas para que duren más que las manos que las hicieron, y esa idea callada es la que sostiene todo el retrato. La cadena fina que lleva al cuello se la forjó él mismo, eslabón a eslabón, un domingo sin encargos: una cancela de cuatro metros hecha a la escala más pequeña que supo.







