Una herradura que nunca entregó
Una vez, Fernando forjó una herradura con forma de media luna para alguien a quien quería. Le llevó una semana de insomnio, y nunca se la dio: la guardó y ahí sigue. El cariño que supo meter en el hierro no encontró la manera de decirse en voz alta. No es tristeza de camiseta; es algo que se entiende bien cuando empiezas a notar que a veces lo que sientes sale antes en lo que haces que en lo que dices.







