Necesito poder decir que no
En su historia, a los dieciséis Faiz dejó el colegio para entrar de aprendiz en un taller de reparación, una hora de autobús en cada trayecto. Años después, una empresa le ofreció contrato fijo: buen sueldo, seguro, furgoneta nueva, horario de siete a tres. Condujo hasta un cañón del desierto, caminó tres horas, volvió y dijo que no. «Necesito poder decir que no a un trabajo.» Ni él mismo lo entiende del todo.







