Una lata que no se vacía nunca
Birdie guarda una lata de galletas abollada siempre llena de medialunas y terrones de azúcar, por si alguien llega con hambre y con frío. Reparte de ella a diario, y también va pasando un termo de mate cocido bien dulce, del que calienta las manos. La lata no sale en el retrato —eso es de su historia—, pero dice mucho de este crío: de cargar provisiones y repartirlas. Por eso una bolsa así, resistente y de asa roja, le pega tanto: es justo lo que él llevaría lleno de cosas para dar.







